12 de diciembre de 2017 Última actualización 6 de oct, 2017 - 09:47
Publicado en vivir mejor
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Todos sabemos que el oxígeno es vital para nuestra salud, en cambio vivimos tan apresurados que nos olvidamos incluso de respirar, y eso pasa factura a nuestro organismo, a nuestras emociones y a nuestra energía vital.

¿Por qué es tan importante la respiración?

Cada vez que respiramos, tiene lugar un intercambio de gases entre el organismo y nuestro entorno. Cuando inspiramos o inhalamos introducimos oxígeno (O2) en nuestro organismo (además de nitrógeno, sulfato, vapor de agua, ozono, humo, polvo...) y cuando exhalamos o espiramos devolvemos al entorno dióxido de carbono (CO2) y otras sustancias de desecho que habíamos inhalado.

Respiramos aproximadamente 20.000 veces al día, y cada vez que lo hacemos, en cada inhalación, introducimos un 21% de oxígeno.

  • El Oxígeno pasa a nuestro torrente sanguíneo a través de los alveolos pulmonares y los glóbulos rojos (hemoglobina) transporta el oxígeno hacia el corazón. Desde el corazón, la sangre rica en oxígeno se bombea por las arterias repartiéndose por todos los tejidos del organismo.
    • El organismo no puede almacenar oxígeno, por eso es tan importante respirar continuamente.
    • El oxígeno es vital porque entre otras cosas convierte los nutrientes en la energía (ATP) necesaria que actúa como combustible de nuestro organismo ya que interviene en la reproducción celular y el funcionamiento de nuestros órganos y tejidos.
  • El Dióxido de Carbono es un producto de deshecho resultante de la actividad celular. Es transportado en la sangre por las venas hasta el corazón, desde donde se bombea a los pulmones para salir al exterior en cada exhalación.
    • El organismo debe eliminar el exceso de dióxido de carbono. El dióxido de carbono interviene regulando el equilibrio del PH de la sangre y una ligera alteración en el PH de nuestra sangre puede suponer enfermedad o incluso una amenaza para nuestra vida.

Respiración inconsciente

La respiración es tan importante para nuestra vida, que nuestro organismo está programado para respirar de modo inconsciente.

El problema es que cuando respiramos de modo inconsciente durante el día, el ritmo acelerado que llevamos acelera también el ritmo de esta respiración inconsciente, y el resultado es que respiramos más veces pero de manera entrecortada. Es decir, sin darnos cuenta realizamos respiraciones cortas, que hacen que inspiremos y espiremos “a medias”. De esta manera los pulmones no se llenan correctamente, nuestra caja torácica apenas se ensancha y nuestro diafragma apenas se mueve.

Este tipo de respiración rápida y entrecortada es una respuesta “programada” en nuestro organismo para la huida, la lucha y como respuesta al miedo.

Una respiración de este tipo, deficiente, provoca una mala oxigenación, y por lo tanto un mal funcionamiento de nuestras células, tejidos y órganos. Además, este tipo de respiración intensifica la sensación de ansiedad y estrés y suele producir jaqueca, dolor de estómago o tensión.

Respiración consciente

Debemos intentar respirar de forma consciente, es decir, ensanchando nuestra caja torácica al máximo y haciendo intervenir a nuestro diafragma de manera consciente. El diafragma es un músculo que se encuentra justo debajo de los pulmones, en la respiración consciente lo curvamos para acompañar y facilitar el movimiento pulmonar. De esta manera los pulmones se llenarán y vaciarán correctamente y conseguiremos un buen volumen de oxígeno en sangre, a la vez que mantendremos su equilibrio de PH (gracias al equilibrio de CO2). Los bebés y niños pequeños respiran abdominalmente, por eso cuando les observamos detenidamente vemos como se “infla” su zona abdominal, lo que nos dice que están utilizando su diafragma.

La respiración consciente, abdominal o diafragmática, mantiene oxigenada la sangre y nuestros tejidos, entre ellos la piel, donde se puede ver reflejada perfectamente la calidad de nuestra respiración.

Este tipo de respiración consciente también mejora la circulación y regula la presión sanguínea, a la vez que ralentiza el ritmo cardíaco. Todo esto provoca un buen funcionamiento de los órganos y una sensación de calma y lucidez.

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Cuando nacemos sabemos respirar correctamente, pero con la edad y los malos hábitos vamos empeorando nuestra forma de respirar.

Prestando atención a nuestra respiración podemos retomar los buenos hábitos, pero en cualquier caso, el Yoga, el TaiChi, el ChiKung o la Meditación son una guía extraordinaria para enseñarnos a respirar adecuadamente de nuevo y conseguir así serenidad y un organismo sano y equilibrado.

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