18 de April de 2024 Última actualización 8 de Dec, 2022 - 07:54

Cada año miles de animales de todo el mundo mueren en laboratorios después de sufrir horribles experimentos con el fin de crear productos cosméticos y para la higiene del hogar. Además de suponer una grave falta de ética, infringiendo daño a animales con el fin de obtener beneficios económicos, se suma que los resultados obtenidos no son siempre extrapolables al campo humano, entonces, ¿por qué se siguen practicando?

A pesar de que la ley no obliga a ningún productor de cosméticos a hacer test en animales, no como en el caso de las compañías farmacéuticas que sí lo están, estos se siguen practicando en la actualidad. Existen organizaciones como PETA, que promueven y defienden los derechos de los animales, que afirman que muchas de estas compañías siguen usando los test en animales porque si usasen test alternativos como los realizados con cultivos de células o en vitro, se demostraría que sus productos son “altamente tóxicos” para el ser humano y no podrían sacarlos al mercado.

El 1 de enero de 1998 fue la primera fecha límite marcada por la Unión Europea para prohibir en todo el territorio comunitario el testeo de productos cosméticos en animales, esta fecha fue pospuesta y no sería hasta el año 2004 cuando se prohibiría probar el producto cosmético final en animales. No se prohibió en ningún momento probar los ingredientes de manera individual, ni la compra de los mismos a terceros, además de permitir 5 tipos de test en animales que se practican en la actualidad:

  • 1. La prueba de irritación en los ojos: básicamente consiste en introducir el producto o los ingredientes en el ojo del animal previamente inmovilizado y forzado a tener los ojos abiertos con pinzas. El producto se deja hasta días en los ojos lo que provoca como mínimo úlceras y puede llegar a dejarles ciegos. Muchas de estas pruebas se realizan sin anestesia y en muchos casos, los animales llegan a romperse el cuello intentando liberarse.
  • 2. Pruebas de toxicidad aguda: en este tipo de pruebas se mide el nivel de envenenamiento o intoxicación que produce la sustancia a analizar. Los resultados que se pretenden obtener es el porcentaje de producto que al ser ingerido por cualquier vía provocará reacciones adversas. Las sustancias se introducen por la fuerza a través de cualquier orificio del animal o incluso son inyectadas en la sangre. Una variante de esta prueba comúnmente usada es la llamada LD50 que prueba cuanta es la dosis mortal de la sustancia.
  • 3. Toxicidad reproductiva: para esta prueba se escogen féminas encintas a las que se les obliga a ingerir la sustancia analizada. Estas hembras son sacrificadas con el fin de analizar los efectos de la sustancia en el feto.
  • 4. Sensibilidad cutánea: para esta prueba los animales son afeitados y se les extiende la sustancia en la piel ya irritada por la depilación para determinar posibles reacciones alérgicas.
  • 5. Riesgo cancerígeno: igualmente los animales son alimentados o forzados con estas sustancias por periodos de hasta dos años, después son sacrificados y se analiza el riesgo cancerígeno de la sustancia.

Al final de todas estas pruebas, aunque los animales puedan llegar a sobrevivir, son sacrificados de todos modos.

A pesar de todos los test realizados no siempre los resultados obtenidos son indicativos, ya que el hombre es una especie animal distinta y no reacciona igual a todas las sustancias, es decir, existen reacciones alérgicas experimentadas en animales que no lo son por el hombre y viceversa. Un ejemplo lo expone la LAV (Lega Anti Vivisezione, Liga anti vivisección en español, es decir, contra la vivisección en animales, procedimiento por los que se abre y analiza a los animales cuando aún están vivos), que explica cómo los análisis de la toxina butolínica, conocida como Botox, en animales ponía de manifiesto que esta sustancia era capaz de llegar a la médula espinal y modificar su funcionamiento, mientras que los mismos experimentos en humanos han confirmado que no es así.

¿qué puedo hacer como consumidor responsable?

El primer paso y el más importante es conocer qué marcas son las que testan en animales y a qué se compromete una empresa cuando en la etiqueta de su producto está escrito: No testado en animales. Las empresas que tienen este escrito en su envase o en la caja del producto se comprometen a no efectuar test en animales ni directamente ni a través de terceros ni en la actualidad ni en el futuro, controlar a todos los productores y distribuidores con los que trabajan para que respeten este acuerdo y no usar ingredientes que provengan de la muerte de un animal. Otros tipos de escritos como “clínicamente testado”, “dermatológicamente testado”, “microbiológicamente testado” o incluso “cruelty free” no aseguran en ningún momento que ese producto no haya sido testado en animales. Incluso hay empresas que usan “no testado en animales” porque no testan el producto final en el mismo pero sí testan los ingredientes y sustancias individuales porque están legislados.

A este punto para poder elegir productos de marcas comprometidas en contra del testeo en animales existen puntos de referencia, una de ellas es el logo del “conejito saltarín”, un logo internacional que tienen empresas que se han comprometido a no testar en animales.

>> Para poder ver la lista de las empresas adheridas pincha aquí: http://www.gocrueltyfree.org/downloads/pdf/BUAVA_LittleBook-2011.pdf

A pesar de existir este logo internacional no todas las empresas que no testan en animales se han adherido a este programa, por ello otro punto de referencia a consultar son las listas proporcionadas por PETA. En la lista de “Empresas que no testan” encontramos a las empresas que han firmado un acuerdo con PETA comprometiéndose a los puntos que hemos establecido más arriba, lo que se conoce como “Estándares de Compasión para Animales” (CSCA). Esto no quiere decir que esta lista esté completa, ya que sólo son incluidas aquellas que han firmado el acuerdo, por ello la lista se va actualizando cada 2 o 3 meses. La lista más fiable son aquellas de las “Empresas que sí testan en animales” porque son empresas en las que se ha comprobado su actividad. Por ello os recomendamos que visitéis ambas listas en http://www.peta.org/living/beauty-and-personal-care/companies/default.aspx

Con aquellas marcas que consumimos habitualmente, que tienen escrito “No testado en animales” y que no aparecen en la lista de aquellas que no testan, sería óptimo que los consumidores les escribamos pidiéndoles que firmen el acuerdo con PETA, una forma de asegurar a nosotros, consumidores responsables, que se comprometen realmente con lo que dicen. En el caso de marcas que sí testan en animales sería igualmente bueno escribirles explicando nuestro malestar por sus acciones y explicándoles que si siguen testando en animales dejaremos de comprar sus productos. Igualmente, si eres accionista de alguna de estas empresas sería bueno que expusieses tu opinión al respecto.

Productos con certificados ECO y BIO, otra garantía

EDi no a los test cosméticos en animalesl Cosmos Standard ha sido desarrollado a nivel europeo por los principales sellos ecológicos cosméticos: BDIH (Alemania), ICEA (Italia), COSMEBIO & ECOCERT (Francia) y SOIL ASSOCIATION (Reino Unido). El fin de este estandar es el de establecer las pautas y requisitos para determinar que un producto cosmético sea realmente ECO. En este acuerdo se establece que todos aquellos productos o productos cuyos ingredientes sean testados en animales no serán reconocidos como ECO y no podrán obtener su correspondiente certificación. Especifica, sin embargo, que en el caso de los ingredientes solo pueden ser testados cuando lo requiera la ley, que según la ley en ningún momento es obligatorio, por lo que entendemos que es una manera de “cubrirse las espaldas”.

Además, se aclara que los productos certificados ECO solo pueden tener ingredientes de origen animal cuando estos no provengan de la muerte de un animal, que no se obtengan de animales protegidos y que estos productos sean obtenidos según el reglamento, es decir, si se usa leche de vaca las vacas tienen que tener una vida digna y son vacas que provienen de ganaderías certificadas ECO (animales alimentados correctamente y con libertad). Estos ingredientes solo pueden ser usados cuando no existe una alternativa vegetal.

También puedes unirte al grupo de Facebook: 'No a los test cosméticos en aminales', desde el que se busca agrupar al mayor número de usuarios posible para, entre todos, hacer fuerza y hacer saber a las empresas que lo practican nuestro descontento con sus acciones:

Haz clic aquí para unirte al Grupo de Facebook 'No a los test cosméticos en animales'

Aunque el hombre es un animal omnívoro y lleva consumiendo carne desde el principio de sus días, hoy por hoy este hábito que para muchos ha llegado a convertir la carne en el principal ingrediente en su dieta pero la forma en la que se trata la ganadería, tiene muchos inconvenientes importantes y perjudiciales para la salud.

Desde nuestra revista digital pocas veces tomamos posturas radicales y no pretendemos juzgar, por eso, en esta ocasión como en otras, simplemente queremos informar y analizar objetivamente los inconvenientes de una ingesta elevada de carne desde varios puntos de vista, entre ellos la salud.

¿Qué es la carne?

Cuando hablamos de carne en este artículo nos referimos a lo que entendemos coloquialmente por carne, es decir, músculo y vísceras de animales terrestres y en concreto nos referimos a la más consumida: vaca, cerdo, cordero y pollo. Además en este artículo nos referimos a la carne cuyo origen proviene de granjas industriales (el 90%). El pescado y el marisco, aunque en teoría también son carne, siguen sus propias normas de producción, con otros problemas y ventajas independientes de la ganadería.

Salud y exceso de carne en la dieta

La carne en general (cada una con sus características particulares), es una fuente de hierro y fósforo, y también contiene vitamina B que pierde cuando se cocina. Apenas contienen hidratos de carbono y fibra, y suele contener un gran porcentaje de grasa, al menos un 20%, así como otro 20% de proteínas. La grasa animal está compuesta principalmente por grasas saturadas y colesterol.

Como comentamos, la carne es una fuente principal y casi exclusiva de proteínas y grasa. Un exceso de proteínas en nuestra dieta provoca cambios en la composición de la membrana de las células, y esto da lugar a enfermedades como la gota, la hipertensión, problemas hepáticos, o un aumento del colesterol en la sangre; todos estos problemas tan cotidianos hoy en día, que en muchos casos se evitarían sustituyendo la carne por hortalizas, frutas o legumbres.

¿Ingerimos sufrimiento, hormonas y antibióticos?

Si. Por desgracia, hoy por hoy es un hecho que no da lugar a subjetividades que para abastecer el elevado consumo del carne en el mundo, las ganaderías malviven en granjas en las que los animales se encuentran con altos niveles de estrés y sufrimiento, inmovilizados, drogados y hormonados. Muchas de las sustancias con las que se tratan a los animales de ganadería, son prohibidos y retirados del mercado, después de llevar años empleándose y gracias a la denuncia e investigación de alguna ONG o asociación de consumidores. Pero por desgracia, estas sustancias son sustituidas rápidamente por otras que tardarán otro periodo de años en ser denunciadas, analizadas y retiradas, por supuesto, siempre una vez que los animales y consumidores han sufrido las consecuencias.

Se administran cócteles de hormonas para que crezcan y engorden rápidamente y conseguir ganaderías más rentables, también se les administran antibióticos rutinariamente para evitar que enfermen, y por si esto fuera poco, en muchos casos, su cadena genética es manipulada, una vez más con el fin de conseguir animales más rentables, aunque eso suponga una peor calidad nutricional en su carne o algún riesgo para los consumidores.

El estrés y el sufrimiento en los animales, al igual que en los seres humanos, tiene una respuesta química en el organismo (a nivel hormonal y de neurotransmisores), que se puede comprobar con sencillos análisis de sangre.

Por lo tanto, en la carne que se consume masivamente, se encuentran restos de hormonas tiroideas, masculinas y femeninas, esteroides, toxinas y antibióticos, por no hablar de los 'medicamentos', conservantes y otros químicos utilizados para durante el transporte, almacenamiento y comercio.

El consumo genera demanda, la demanda negocio y el negocio consumo, por lo que es difícil romper esta cadena, en la que todos y cada uno tenemos parte de responsabilidad.

La carne es muy cara

Desde un punto de vista nutricional y práctico, la carne resulta muy cara tanto en su proceso de obtención como para el consumidor, ya que los nutrientes que aporta la carne, básicamente proteínas y grasa, son fáciles de sustituir por otros alimentos infinitamente más baratos, por ejemplo los productos lácteos o los frutos secos. Por ejemplo 1 Kg de nueces alimenta 6 veces más que 1 Kg de carne, y además su obtención es mucho más sencilla y barata.

Mirando las cifras de las FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), sorprende el hecho de que, al contrario de lo que nos indica la lógica, no tiene que ver el nivel económico de un país con el consumo de carne, es decir, en países en los que la economía doméstica es muy precaria, se consume carne como base de la alimentación; y al contrario, en países con gran calidad de vida y economías muy saneadas el consumo de carne es considerablemente inferior.

El elevado consumo de carne perjudica el medio ambiente y no es sostenible

El consumo de carne a nivel mundial no ha parado de aumentar en los últimos 5 años, siendo China el mayor productor y consumidor de carne el segundo EEUU. Estos países consumen triplican en consumo de carne a Rusia y quintuplican a Australia . Los Países Bajos, Dinamarca o Tailandia se encuentran entre los países que menos carne consumen del mundo.

Se prevee que de seguir así la tendencia de crecimiento mundial y consumo de carne, para el 2020 habrá que aumentar la producción en un 40%.

Las ganaderías son muy caras de mantener como hemos dicho, ya que las granjas suponen un gasto muy elevado tanto de piensos (cereales) como de medicamentos (lo que supone gran riqueza para los laboratorios farmacéuticos), a la vez que generan muchos residuos y contaminación. En muchos casos consumen muchos recursos locales de agua, energía, combustibles y pastos por lo que en muchos casos, como está pasando en muchas zonas en Sudamérica, las empresas ganaderas arrasan literalmente cientos de hectáreas que dejan yermas e inservibles durante al menos otros 20 años, tiempo aproximado que tarda en recuperarse un terreno.

Para alimentar este gran número de ganado, hay que cultivar un gran número de cereales, donde entra en juego la agricultura actual con sus fertilizantes, pesticidas y cientos de compuestos tóxicos que dañan de manera irreparable el medio ambiente. Cuantas más granjas industriales, más habrá que rentabilizar los cultivos, para lo que se utilizará más cantidad pesticidas, fertilizantes y semillas procedentes de manipulación genética.

Para transportar, almacenar y conservar la carne, es necesario un gasto muy fuerte de recursos energéticos, que serían mucho más rentables si se utilizasen por ejemplo en el cultivo de otro tipo de alimentos, por otro lado, más nutritivos.


Resumiendo:

 

  • Salud: el consumo excesivo de carne contribuye a enfermedades graves como la hipertensión, el cáncer de mama, vejiga o colon, diabetes, obesidad, problemas cardiovasculares, gota...
  • Medicamentos: con respecto a este tema podemos decir que la industria que más se beneficia del alto consumo de carne es la industria farmacéutica, ya que vende cantidades masivas de medicamentos con los que tratar el ganado (de manera preventiva y aunque no lo necesiten), también mucha cantidad de productos par la conservación de la carne y a la vez venden cantidades ingentes de medicamentos para bajar la tensión, corregir el exceso de colesterol, y otros tantos problemas de salud relacionados con la mala alimentación que sufre gran parte de la población.
  • Gasto innecesario e insostenible: la producción de carne supone un gasto tremendo tanto de recursos ambientales como de dinero. Con una buena educación alimentaria, y cambiando un poco los hábitos culturales, cada familia podría ahorrar mucho dinero tanto en el tipo de comida, como en medicamentos. Según las Naciones Unidas se podría erradicar el hambre dedicando a la alimentación humana entre el 10 y el 15% del grano destinado al ganado.
  • Maltrato animal: Más allá de la percepción moral y ética de cada uno, los hechos nos dicen que los animales son maltratados, privados de dignidad, y en muchos casos, incluso manipulados genéticamente. Malviven con altos niveles de estrés y sufrimiento y todo esto de un modo impune, habitual y sin apenas responsabilidad; es decir, todo esto se ha convertido en un hecho “aceptado” que ya apenas llama la atención. Aunque de algún modo, la vida y su ciclo natural imparte justicia a su manera y tiende siempre a recuperar el equilibrio a cualquier precio.

De vez en cuando ocurre algún “accidente” tipo “vacas locas”, “gripe aviar” o “fiebre porcina” que nos pone en alerta acerca de los métodos utilizados en la ganadería actual, pero por desgracia pronto se nos olvida y la educación y la cultura nos lleva de nuevo a consumir cantidades ingentes de carne sin preguntarnos nada más y sin reparar en lo que ese hábito supone para el mundo. Reducir el consumo de carne liberaría mucho espacio natural, reduciría exponencialmente el gasto de recursos naturales, nos acercaría a un mundo más sostenible y mejoraría considerablemente nuestra salud y calidad de vida.

El código de los huevos...

El otro día recibí un forward que hablaba del código que traen impreso los huevos desde hace algún tiempo...

Nunca le había prestado atención, sin embargo el mail afirmaba que el primer número que venía en el código determinaba si la gallina vivía en unas condiciones dignas o no. Me resultó curioso, pero pronto olvidé el tema. Hoy en el supermercado saqué mi lista de la compra garabateada en una servilleta y después de tachar los últimos productos añadidos a mi cesta, me dirigí a la zona de huevos y eché la media docena más barata que encontré. Entonces recordé aquello de los códigos y me picó la curiosidad.


Recordaba que el mail decía que los huevos cuya numeración empezaba por 0 ó 1 eran de gallinas que vivían bien y que aquellos cuya numeración empezaba por 2 ó 3 eran de gallinas maltratadas. Revisé todos los huevos que se anunciaban como camperos o ecológicos y me sorprendió ver que sus numeraciones empezaban por los números 0 ó 1. Luego revisé todos los demás huevos más baratos y comprobé que todos empezaban por 2 ó 3. Así que parecía que la información que había recibido tenía cierta base. Dejé los huevos baratos y me fui a casa con media docena de huevos de código 1.

Una vez en casa encendí el ordenador y me puse a investigar un poco en fuentes más fiables que las cadenas de emails y descubrí el significado exacto del primer dígito del código de los huevos:

  • 0 : Huevo puesto por una gallina criada en una granja ecológica. Es decir, gallinas criadas en libertad y alimentadas con piensos procedentes de la agricultura ecológica.
  • 1 : Huevo puesto por una gallina campera, es decir, una gallina en libertad.
  • 2 : Huevo puesto por una gallina criada en gallineros de suelo donde las gallinas tienen cierta libertad de movimientos, pero no están al aire libre. La producción es semi-industrial, lo que significa que en la mayoría de los casos las gallinas tienen poco espacio para moverse debido a la masificación de animales.
  • 3 : Huevo puesto por una gallina criada en una jaula diseñada para que la recogida de huevos sea fácil. La gallina no tiene prácticamente ninguna libertad de movimientos. La producción es industrial.

La normativa por la que se exige la impresión del código en los huevos es aplicable a toda la Comunidad Europea, por lo que el primer dígito del código significará lo mismo en Francia, Italia o Alemania. Por supuesto, el Ministerio de Sanidad, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y la normativa comunitaria informan que “la forma de cría de la gallina no implica diferencias en la composición nutritiva del huevo”, pero a poco que le demos vueltas a la idea, seguro que la afirmación al menos nos parecerá cuestionable.

Una gallina que pasa su vida en una jaula es, sin duda ninguna, una gallina estresada. Está demostrado científicamente que el estrés produce desórdenes en el cuerpo humano que a corto plazo pueden derivar en enfermedades de todo tipo debido a la constante producción de adrenalina y corticoides, que es la respuesta fisiológica normal ante situaciones estresantes. Es más que razonable pensar que cualquier animal sometido a estímulos ambientales amenazantes (como puede ser vivir toda la vida en una jaula o vivir sin espacio para moverse en gallineros industriales) también sufrirá los mismos efectos y que sus cuerpos también estarán saturados de estas sustancias. Además de la respuesta fisiológica está la respuesta emocional, cuyos efectos físicos son más sutiles, pero no menos importantes, ni mucho menos despreciables, incluso para una gallina.

En España se consumen 238 huevos por persona y año. Haciendo una multiplicación simple nos damos con que en España se producen más de nueve mil millones de huevos por año sólo para consumo nacional, lo cual es una cantidad escalofriante, por lo que no es de extrañar que existan sitios en los que lo único importante sea la productividad, a costa del maltrato continuo durante toda la vida de las gallinas ponedoras.

Como seres humanos debemos aceptar nuestra responsabilidad ética para con todos los seres vivos a nuestro alrededor y pequeños gestos, como comprar siempre huevos de tipo 0 ó 1 aunque estos sean un poco más caros, ayudarán a que la industria se vuelva más humana. Y si un día no hay huevos porque el sistema de producción natural no da para más, no te preocupes, hay otras fuentes vegetales de proteínas y colina (principales nutrientes del huevo), como son la soja y sus derivados, las legumbres, los frutos secos, las algas marinas y la levadura de cerveza.

Así que ya sabes: la próxima vez que vayas al súper, no te olvides de prestar atención al código de los huevos.

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