7 de December de 2019 Última actualización 28 de Dec, 2018 - 12:36

Elena Cibrián

Con tu decisión y mi orientación trabajaremos para recuperar tu bienestar desde la naturopatía.

Soy naturopata y nutricionista con estudios complementarios de Quiromasaje, Iridología, Terapia Ortomolecular, Oligoterapia, Psicología del color y Aromaterapia entre otras.
Con mi experiencia y formación he podido comprobar que el equilibrio perdido se puede recuperar muchas veces de forma más sencilla de lo que pensamos. Muchas veces solo es cuestión de recuperar la visión global de uno mismo y dar los pasos adecuados.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), los aditivos son “sustancias no nutritivas añadidas intencionadamente a los alimentos, normalmente en pequeñas cantidades, para mejorar su apariencia, sabor, consistencia o su conservación”. Sabemos que algunos son necesarios para mantener el modelo de consumo actual, pero ¿también son perjudiciales?

El problema de los aditivos

La mayoría de los productos que consumimos hoy en día contienen gran cantidad de aditivos, casi todos sintéticos. Indudablemente, muchos de ellos imprescindibles para el producto resultante, pero la cuestión es ¿tienen estos aditivos alguna consecuencia sobre nuestra salud?.

Pues si, parece que muchos de estos aditivos si que tienen malas consecuencias sobre nuestro organismo, algunas consecuencias conocidas, y otras desconocidas. El gran problema no es el aditivo en si, sino la cantidad que ingerimos. Es decir, como prácticamente todos los alimentos del mercado llevan aditivos, al final nuestro organismo se encuentra saturado de estos compuestos artificiales, y ahí es donde pueden venir los problemas. Por lo tanto podemos afirmar que uno de los problemas se encuentra en la dosis, no en el compuesto en si.

Otro de los problemas es que algunos aditivos están en proceso de estudio para evaluar su impacto en nuestro organismo, y aún así ya llevan tiempo utilizándose. Muchos de ellos, está comprobado que no son tóxicos, pero se desconoce cual es la dosis máxima recomendada y si puede tener algún efecto secundario a largo plazo. Es decir, hoy en día se desconoce si estos compuestos pueden tener efectos nocivos en nuestro organismo a largo plazo o por exceder la dosis.

Por otro lado, nos encontramos con que los aditivos no son las únicas sustancias “extrañas” del alimento, sino que el producto también cuenta, la mayoría de las veces, con restos de pesticidas, fertilizantes químicos artificiales o alteraciones en su cadena genética, por lo que la combinación de todos estos compuestos juntos puede dar lugar a reacciones imprevisibles en nuestro organismo. A esto hay que añadir las particularidad de cada organismo, la deficiencia de algún órgano, cantidad de alcohol en sangre, enfermedades o la ingesta de medicamentos.

Por ejemplo, para muchas asociaciones de consumidores y muchos científicos, más del 30% de las enfermedades graves de nuestra sociedad se podrían evitar con una alimentación más sana, mejorando los hábitos alimenticios y la calidad de los mismos, donde entran en juego estas sustancias junto con los pesticidas y fertilizantes.

Las golosinas, helados, bollería industrial y caramelos son los productos que mayor cantidad de aditivos contienen, en particular emulsionantes sintéticos de dudosa inocuidad (en Alemania muchos de ellos están prohibidos). Paradojicamente es un mercado orientado al público infantil y no existe una información clara al respecto. Se administran dosis más elevadas de estas sustancias en los alimentos destinados a los cuerpos infantiles, más pequeños y vulnerables.

Tipos de aditivos según la Comunidad Económica Europea

  • Colorantes: mejoran el aspecto, el color, de los alimentos > E-100 al E-199
  • Conservantes: potencian las propiedades de conservación del producto > E-200 al E-299
  • Antioxidantes: evitan la oxidación de los alimentos > E-300 al E-399
  • Emulsionantes, estabilizantes, espesantes, gelificantes: aquí entran varios compuestos destinados a mejorar cualquier cualidad de los alimentos, su sabor, su consistencia, su aspecto...> E-400 al E-499
  • Potenciadores del sabor: potencian el sabor de los alimentos > H-5514 al H-5817
  • Edulcorantes artificiales: dulcifican los alimentos > H-6880 al H-6887
  • Además de estos, existen Antiespumantes, antiendurecedores, gasificantes, humectantes, reguladores del PH, antiapelmazantes...

Claves para entender su nomenclatura

  • Aditivos que comienzan por E (ej. E-101) son los autorizados por la CEE (Comunidad Económica Europea)
  • Aditivos que comienzan por H (ej. H-6881) son los autorizados además en España.
  • Aditivos que no van precedidos por ninguna letra, son solo numéricos, son aquellos que están reglamentados provisionalmente y que se continua estudiando sus efectos en nuestro organismo, aunque ya se están utilizando.

Todos los aditivos son calificados por Sanidad como: “inocuo”, “no tóxico”, “tolerable” o “-”.

Casi la mitad de los aditivos utilizados están calificados como “no tóxicos”, y esto significa que no resultan tóxicos, pero tampoco resultan completamente inocuos.

En este grupo entran todos los aditivos dudosos o aún sin evaluar o actualmente en estudio.

Aunque se utilizan muchísimos más, os dejamos alguna muestra de estos compuestos “no tóxicos”:

  • Sales de ácidos grasos E-471: emulsionante, grasa de origen vegetal o animal.
  • Pectina E-440a: espesante de origen vegetal, se añade a mermeladas, gelatinas, salsas... puede producir gases y otros problemas intestinales.
  • Butil-hidroxianisol E-320: uso muy común en repostería y aperitivos y comida precocinada, puede aumentar la cantidad de radicales libres en el organismo.
  • Ácido benzoico E-210: conservante, añadido a los alimentos sobre todo ácidos, pueden aumentar la liberación de histamina en el organismo, reacciones alérgicas.
  • Aluminio E-173: colorante de origen mineral ampliamente utilizado, las altas concentraciones de aluminio en el organismo pueden causar graves daños, los metales son muy muy difíciles de eliminar por nuestro organismo, por lo que suelen almacenarse y acumularse.
  • Carbonato cálcico E-170: colorante blanco, se utiliza en la elaboración de algunos fármacos o como antiapelmazante en algunas conservas.
  • Nitrito potásico E-249: conservante de origen mineral, en altas cantidades puede alterar la producción de hemoglobina, la sangre. Se utiliza mucho para la conservación de la carne.

Recomendaciones

En realidad, este tipo de sustancias son necesarias para sostener el actual sistema de consumo, ya que se consume demasiada carne, que necesita demasiado grano para su alimentación y por otro lado los alimentos son transportan miles de kilómetros todos los días y a todas horas. Quizá el problema de base es que seguimos un sistema de consumo equivocado, y deberíamos cambiar primero nuestros hábitos alimenticios, para que este tipo de prácticas sean innecesarias con el paso del tiempo.

Para evitar el consumo de este tipo de sustancias:

  • Os recomendamos que apostéis por alimentos orgánicos, procedentes de cultivo ecológico
  • En la medida de lo posible os invitamos a llevar una dieta vegetal o reducir el consumo de carne
  • Consumir alimentos frescos y poco procesados: frutas, verduras, hortalizas, frutos secos, cereales...
  • Evitar los precocinados, las conservas, y los productos industriales muy elaborados
  • Sobre todo prestar atención a la alimentación infantil y sus hábitos. Mucho cuidado con las chucherías y los alimentos precocinados para niños.
  • Apostar por alimentos de temporada y locales, de esa manera su tiempo de conservación no tendrá que ser tan elevado como en alimentos transportados grandes distancias, su coste será menor y la cantidad de sustancias químicas para su conservación también será menor.

Aunque el hombre es un animal omnívoro y lleva consumiendo carne desde el principio de sus días, hoy por hoy este hábito que para muchos ha llegado a convertir la carne en el principal ingrediente en su dieta pero la forma en la que se trata la ganadería, tiene muchos inconvenientes importantes y perjudiciales para la salud.

Desde nuestra revista digital pocas veces tomamos posturas radicales y no pretendemos juzgar, por eso, en esta ocasión como en otras, simplemente queremos informar y analizar objetivamente los inconvenientes de una ingesta elevada de carne desde varios puntos de vista, entre ellos la salud.

¿Qué es la carne?

Cuando hablamos de carne en este artículo nos referimos a lo que entendemos coloquialmente por carne, es decir, músculo y vísceras de animales terrestres y en concreto nos referimos a la más consumida: vaca, cerdo, cordero y pollo. Además en este artículo nos referimos a la carne cuyo origen proviene de granjas industriales (el 90%). El pescado y el marisco, aunque en teoría también son carne, siguen sus propias normas de producción, con otros problemas y ventajas independientes de la ganadería.

Salud y exceso de carne en la dieta

La carne en general (cada una con sus características particulares), es una fuente de hierro y fósforo, y también contiene vitamina B que pierde cuando se cocina. Apenas contienen hidratos de carbono y fibra, y suele contener un gran porcentaje de grasa, al menos un 20%, así como otro 20% de proteínas. La grasa animal está compuesta principalmente por grasas saturadas y colesterol.

Como comentamos, la carne es una fuente principal y casi exclusiva de proteínas y grasa. Un exceso de proteínas en nuestra dieta provoca cambios en la composición de la membrana de las células, y esto da lugar a enfermedades como la gota, la hipertensión, problemas hepáticos, o un aumento del colesterol en la sangre; todos estos problemas tan cotidianos hoy en día, que en muchos casos se evitarían sustituyendo la carne por hortalizas, frutas o legumbres.

¿Ingerimos sufrimiento, hormonas y antibióticos?

Si. Por desgracia, hoy por hoy es un hecho que no da lugar a subjetividades que para abastecer el elevado consumo del carne en el mundo, las ganaderías malviven en granjas en las que los animales se encuentran con altos niveles de estrés y sufrimiento, inmovilizados, drogados y hormonados. Muchas de las sustancias con las que se tratan a los animales de ganadería, son prohibidos y retirados del mercado, después de llevar años empleándose y gracias a la denuncia e investigación de alguna ONG o asociación de consumidores. Pero por desgracia, estas sustancias son sustituidas rápidamente por otras que tardarán otro periodo de años en ser denunciadas, analizadas y retiradas, por supuesto, siempre una vez que los animales y consumidores han sufrido las consecuencias.

Se administran cócteles de hormonas para que crezcan y engorden rápidamente y conseguir ganaderías más rentables, también se les administran antibióticos rutinariamente para evitar que enfermen, y por si esto fuera poco, en muchos casos, su cadena genética es manipulada, una vez más con el fin de conseguir animales más rentables, aunque eso suponga una peor calidad nutricional en su carne o algún riesgo para los consumidores.

El estrés y el sufrimiento en los animales, al igual que en los seres humanos, tiene una respuesta química en el organismo (a nivel hormonal y de neurotransmisores), que se puede comprobar con sencillos análisis de sangre.

Por lo tanto, en la carne que se consume masivamente, se encuentran restos de hormonas tiroideas, masculinas y femeninas, esteroides, toxinas y antibióticos, por no hablar de los 'medicamentos', conservantes y otros químicos utilizados para durante el transporte, almacenamiento y comercio.

El consumo genera demanda, la demanda negocio y el negocio consumo, por lo que es difícil romper esta cadena, en la que todos y cada uno tenemos parte de responsabilidad.

La carne es muy cara

Desde un punto de vista nutricional y práctico, la carne resulta muy cara tanto en su proceso de obtención como para el consumidor, ya que los nutrientes que aporta la carne, básicamente proteínas y grasa, son fáciles de sustituir por otros alimentos infinitamente más baratos, por ejemplo los productos lácteos o los frutos secos. Por ejemplo 1 Kg de nueces alimenta 6 veces más que 1 Kg de carne, y además su obtención es mucho más sencilla y barata.

Mirando las cifras de las FAO (Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación), sorprende el hecho de que, al contrario de lo que nos indica la lógica, no tiene que ver el nivel económico de un país con el consumo de carne, es decir, en países en los que la economía doméstica es muy precaria, se consume carne como base de la alimentación; y al contrario, en países con gran calidad de vida y economías muy saneadas el consumo de carne es considerablemente inferior.

El elevado consumo de carne perjudica el medio ambiente y no es sostenible

El consumo de carne a nivel mundial no ha parado de aumentar en los últimos 5 años, siendo China el mayor productor y consumidor de carne el segundo EEUU. Estos países consumen triplican en consumo de carne a Rusia y quintuplican a Australia . Los Países Bajos, Dinamarca o Tailandia se encuentran entre los países que menos carne consumen del mundo.

Se prevee que de seguir así la tendencia de crecimiento mundial y consumo de carne, para el 2020 habrá que aumentar la producción en un 40%.

Las ganaderías son muy caras de mantener como hemos dicho, ya que las granjas suponen un gasto muy elevado tanto de piensos (cereales) como de medicamentos (lo que supone gran riqueza para los laboratorios farmacéuticos), a la vez que generan muchos residuos y contaminación. En muchos casos consumen muchos recursos locales de agua, energía, combustibles y pastos por lo que en muchos casos, como está pasando en muchas zonas en Sudamérica, las empresas ganaderas arrasan literalmente cientos de hectáreas que dejan yermas e inservibles durante al menos otros 20 años, tiempo aproximado que tarda en recuperarse un terreno.

Para alimentar este gran número de ganado, hay que cultivar un gran número de cereales, donde entra en juego la agricultura actual con sus fertilizantes, pesticidas y cientos de compuestos tóxicos que dañan de manera irreparable el medio ambiente. Cuantas más granjas industriales, más habrá que rentabilizar los cultivos, para lo que se utilizará más cantidad pesticidas, fertilizantes y semillas procedentes de manipulación genética.

Para transportar, almacenar y conservar la carne, es necesario un gasto muy fuerte de recursos energéticos, que serían mucho más rentables si se utilizasen por ejemplo en el cultivo de otro tipo de alimentos, por otro lado, más nutritivos.


Resumiendo:

 

  • Salud: el consumo excesivo de carne contribuye a enfermedades graves como la hipertensión, el cáncer de mama, vejiga o colon, diabetes, obesidad, problemas cardiovasculares, gota...
  • Medicamentos: con respecto a este tema podemos decir que la industria que más se beneficia del alto consumo de carne es la industria farmacéutica, ya que vende cantidades masivas de medicamentos con los que tratar el ganado (de manera preventiva y aunque no lo necesiten), también mucha cantidad de productos par la conservación de la carne y a la vez venden cantidades ingentes de medicamentos para bajar la tensión, corregir el exceso de colesterol, y otros tantos problemas de salud relacionados con la mala alimentación que sufre gran parte de la población.
  • Gasto innecesario e insostenible: la producción de carne supone un gasto tremendo tanto de recursos ambientales como de dinero. Con una buena educación alimentaria, y cambiando un poco los hábitos culturales, cada familia podría ahorrar mucho dinero tanto en el tipo de comida, como en medicamentos. Según las Naciones Unidas se podría erradicar el hambre dedicando a la alimentación humana entre el 10 y el 15% del grano destinado al ganado.
  • Maltrato animal: Más allá de la percepción moral y ética de cada uno, los hechos nos dicen que los animales son maltratados, privados de dignidad, y en muchos casos, incluso manipulados genéticamente. Malviven con altos niveles de estrés y sufrimiento y todo esto de un modo impune, habitual y sin apenas responsabilidad; es decir, todo esto se ha convertido en un hecho “aceptado” que ya apenas llama la atención. Aunque de algún modo, la vida y su ciclo natural imparte justicia a su manera y tiende siempre a recuperar el equilibrio a cualquier precio.

De vez en cuando ocurre algún “accidente” tipo “vacas locas”, “gripe aviar” o “fiebre porcina” que nos pone en alerta acerca de los métodos utilizados en la ganadería actual, pero por desgracia pronto se nos olvida y la educación y la cultura nos lleva de nuevo a consumir cantidades ingentes de carne sin preguntarnos nada más y sin reparar en lo que ese hábito supone para el mundo. Reducir el consumo de carne liberaría mucho espacio natural, reduciría exponencialmente el gasto de recursos naturales, nos acercaría a un mundo más sostenible y mejoraría considerablemente nuestra salud y calidad de vida.

Hoy en día las alergias se han convertido en un problema grave que afecta cada día a más y más personas desde su nacimiento, tanto, que su aumento en países desarrollados es similar al de la propagación de las epidemias. Más del 25% de la población europea sufre alguna alergia, y se estima que para el 2020 este porcentaje podría duplicarse; el número de afectados por alergias es directamente proporcional a su nivel de desarrollo (mayor desarrollo, mayor número de afectados por alergias).

Las alergias son objeto de multitud de estudios aunque a pesar de ello poco se sabe de por qué se producen y cómo remediarlo, y por ahora parece que solo podemos intentar huir de ellas, reforzar nuestro organismo y aliviar sus síntomas, pero apenas nos llega información de por qué se producen.

¿Qué es la alergia?

La alergia es una reacción del sistema inmunológico de nuestro organismo que reconoce como extraña una sustancia que se denomina alérgeno (o antígeno). Las reacciones pueden ser muy variadas y los alérgenos casi de cualquier tipo. Por ejemplo hay organismos que reconocen como una sustancia extraña a alguna proteína de la leche, los cereales, la soja, o el huevo o los frutos secos; también el polen o gramíneas, la caspa animal, metales, elementos químicos de insectos o medicamentos… y así una larga lista que también aumenta día a día. Las reacciones también son muy variadas, ya que las alergias pueden producir síntomas muy molestos pero leves, como rinitis o dermatitis, o síntomas muy graves como los que producen insuficiencias respiratorias que llevan al shock anafiláctico (reacción exagerada del organismo ante un alérgeno, produce aumento del ritmo cardíaco e insuficiencia respiratoria).

¿Cómo se defiende nuestro cuerpo?

Nuestro sistema inmunológico intenta proteger nuestro organismo del invasor (alérgeno), y para ello produce unos anticuerpos llamados inmunoglobulina E (IgE), específicos para cada alérgeno. Estos anticuerpos estimulan unas células llamadas mastocitos que en ese momento liberan histamina. La histamina contiene sustancias químicas que son las causantes de las reacciones alérgicas. Por eso, los medicamentos que se recomiendan para aliviar los síntomas de las alergias se denominan antihistamínicos (reducen el nivel de histamina en sangre).

¿Por qué nuestro cuerpo reconoce sustancias en principio inocuas como extrañas o nocivas?

La alergia se considera un fallo del sistema inmunológico ya que se 'equivoca' al reconocer como extraña una sustancia que debería ser inofensiva para nuestra salud, por lo que la naturopatía considera que la verdadera causa es que el organismo se encuentra hipersensibilizado por lo que se debe procurar recuperar el equilibrio fundamentalmente.

Los estudios confirman que la tendencia a sufrir alergias es hereditaria, pero en cambio, la mayoría de las alergias surgieron sin predisposición genética; es decir, si tu o tu pareja sufrís alguna alergia, vuestro hijo seguramente la sufra también, pero si tu o tu pareja no tenéis alergia, es probable que tu hijo sufra alguna alergia de igual manera. En cualquier caso se hereda la predisposición a padecer alguna alergia, no una alergia en concreto.

Algunos estudios acusan a la contaminación atmosférica de las alergias y otros estudios muy elaborados señalan a los pesticidas y las alteraciones genéticas de los alimentos como los causantes de las alergias.
Los pesticidas contaminan no solo los alimentos objetos del cultivo, sino también el aire, el agua y la tierra de su entorno. Esto hace que su propagación sea imparable y su 'limpieza' imposible, y por otro lado sus efectos nocivos pueden perdurar por años dependiendo de su composición química. Los pesticidas alteran la composición química natural de los alimentos, y por eso los estudios aseguran que este hecho produciría que nuestro organismo identificase como 'extraño' un alimento cuya composición natural no debería ser perjudicial.

Los alimentos transgénicos también están en el punto de mira de los estudios sobre las alergias. Estos alimentos OGM (organismos genéticamente modificado), han sufrido alteraciones en su cadena genética natural, y en muchos casos, esta cadena genética se altera introduciendo genes de otros seres vegetales o animales, hasta el punto de que se ha llegado a alterar el genoma de la soja introduciendo en su estructura genes procedentes de vacas. Los estudios han demostrado que los elementos alterados genéticamente producen reacciones alérgicas en muchos organismos, ya que el organismo no reconoce la composición de esa sustancia, entre otras reacciones.

¿Qué podemos hacer?

En este caso, lo mejor que podemos hacer a nivel global es exigir que se preste atención a este problema que aumenta cada día y hace de muchas personas enfermas crónicas por unas u otras alergias. La información es un derecho y en muchos casos, la mejor prevención. La manipulación de la información es un delito, por eso estamos en nuestro derecho de exigir información acerca de lo que ingerimos o respiramos. Por otro lado, no debemos olvidar que las alergias generan ingresos millonarios en aumento a diferentes laboratorios químicos y farmacéuticos, para los que se ha convertido en un gran negocio con máxima rentabilidad, ya que no olvidemos que la alergia no tiene cura y requiere tratamiento en muchos casos de por vida. 

A nivel particular, podemos intentar evitar los síntomas de la alergia, sobre todo en la época primaveral, manteniendo limpios a nuestros animales de compañía, sus juguetes y camas, manteniendo nuestra casa limpia de polvo, cerrando las ventanas de casa, utilizando gafas de sol para evitar la irritación de los ojos o mascarillas para evitar la rinitis y el asma.

En cualquier caso, siempre se debe consultar con un especialista cada caso particular ya que existen varios métodos alternativos que que ayudan a lidiar con las alergias e incluso curarlas definitivamente porque una vez que se recupera el equilibrio orgánico el sistema inmune recupera su función y las alergias desaparecen.

>> Algunas fuentes recomendadas: SGAIC (Sociedad gallega de alergología e inmunología clínica), INMUNAL, HealthDay, The Nemours Foundation y SEAIC (Sociedad española de alergología e inmunología clínica).

Elena Cibrián
Naturopatía y nutrición
www.tunaturopata.es

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